martes, 10 de abril de 2018

El día más largo

00:13 horas
El sonido del portazo que has dado al marcharte aún se repite en el vacío de la habitación, multiplicándose en ondas concéntricas dentro de mi cabeza. Recuerda a un pantano de aguas verdes, oscuro y espeso, en el que se pierden todas las piedras que lanzamos con la esperanza de que, contra todo pronóstico, floten. Pero todas se hunden, formando en el fondo una muralla de resentimiento y pesar.

Sospecho que ese eco que yo creo oír se convertirá en un signo de puntuación simbólica para nuestra relación, a modo de un punto final infinito que se reproducirá una y otra vez en mis recuerdos.
Al fondo de la estancia, el tictac del reloj marca el compás del silencio que, de pronto, me ha envuelto entre sus brazos. Si intento zafarme del sutil lazo que traza alrededor de mi cuello, me encuentro de bruces con la incomprensión. 
Vacío, piedra o lazo, todos me llevan al mismo lugar: el dolor.

2:49 horas
Matar o morir.
Claudicar o luchar.
Insistir por salvar lo que aún pueda quedar, o tirar la toalla con desaliento.
Yo, que nunca he creído en las súplicas, he agotado todo mi repertorio en llamadas fallidas a tu teléfono móvil, que ha dejado de contestar, y emite un mensaje de desconexión final. 
¿Qué podría decir que no haya dicho ya en persona?
¿Cambiará algo una palabra, unas letras escritas a la luz de la desesperación, unas frases hilvanadas con premura?
El silencio me responde. 
No.

4:25 horas
Las sombras de la pared reproducen para mí una escena de desolación en clave chinesca, alargándose o encogiéndose según pasen las luces de algún coche que circule por la calle. 
Pero ninguno es el tuyo. 
Ninguno se detiene frente a nuestra casa. 
Todos pasan de largo y animan este escenario vacío, repleto de temor y ansiedad.

Las miro y me reconozco en todas y cada una de ellas. Unas veces amplias y envolventes, otras, huidizas y esquivas, empujadas por una fuerza mayor a la de su propia existencia. Repiten una y otra vez su oscuro paso de baile ante mis ojos doloridos, cansados de llorar lágrimas ásperas. A través de ellas el mundo se desdibuja unos instantes.
Sería mejor así. Un mundo sin contornos, sin límites.
Un mundo vacío.

5:38 horas
No me he movido del sitio en el que me has dejado, esperando en vano que regreses. Sólo el reloj me habla sin palabras, dictándome el guión del día más largo que pueda recordar en toda mi existencia. Soy parte del silencio, de la oscuridad, de mis más profundos miedos, del abismo profundo y sin salida que auguro en mi vida en los próximos tiempos. Más días largos como esta larga noche.
¿Tiene dimensión el vacío? 
¿Será tan amplia esa dimensión como el silencio?

7:49 horas
Asoma la luz del nuevo día por una esquina de la ventana, reemplazando a las farolas, que van apagándose por fases a lo largo de toda la calle. Siento que, del mismo modo, se apagan las esperanzas en mi corazón. 
Luces fundidas.
Todo regresa a la normalidad al otro lado del cristal. La gente que pasa, la vida que inicia una vez más su ciclo eterno, su representación llena de actores de oportunidad.
Todo parece como siempre.
Pero sólo yo sé que no volverás.


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